CAMINANDO

Silvio Arriagada Fuentes. Periodista. Escribe sus vivencias tras años de profesión y de largos años de exilio. Hoy reside en Chile bebiendo de sus raices en los contrafuertes cordilleranos de Vilches. Región del Maule. Chile

martes, 15 de marzo de 2011

tragedia en Japón ...y algo más

Por SilvioBenjamin

Es inevitable. El recuerdo de Hiroshima y Nagasaki, llega automáticamente al conocer la tragedia en Japón. Muerte, desolación, ruinas, costo que paga ayer y hoy la golpeada nación nipona. Costo del camino nuclear al que Japón optó, aún cuando sintió en carne propia los efectos atómicos.
El gobierno japonés aceptó hoy que existe riesgo real de explosiones en las plantas nucleares y de hecho, Estados Unidos ordeno la retirada de un barco que iba en su ayuda, al detectar radiación en su curso de navegación.
Son hechos concretos al menos cuatro explosiones. Un reactor podría sufrir fundición del núcleo y todo el problema se complica de modo inimaginable.
Los efectos de explosiones de plantas nucleares en cadena son ignorados- Sólo hay en el recuerdo nuclear las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. en el 45.
La pregunta que asalta, también me aterra:
La nube radioactiva que soltaría una explosión de varias plantas nuclares en cadena podría superar la marca única del tsunami al llegar a nuestras costas...?
Confieso ignorancia nuclear. No me atrevo ni siquiara imaginar lo que podría suceder en un caso de tal magnitud. Y eso me hace pensar también en la necesidad de que expertos nos den información concreta al respecto.
Nuestras costas dan frente a Japón y el tsunami, llegó puntualmente en los horarios entregados por los MdCdM
El Gobierno logró un gran lucimiento gracias al evento marítimo.
Una nube radioactiva viajando con viento a favor en dirección a nuestras costas sería irremediablemente otra tragedia y una puesta a prueba real de la eficiencia de las ya famosas casacas rojas.

Tragedia en Japón...y no sólo allí

jueves, 8 de abril de 2010

NUNCA UNA PALOMA
VOLO TAN ALTO



Por: SilvioBenjamín


Voló rasante a nivel de sunami por entre los arrecifes de la costa del Maule; aleteó presurosa por sobre las playas inundadas de tragedia, ante la mirada envidiosa de gaviotas y pelicanos; se adentró decidida por los recodos urbanos del Valle Maulino, estremecidas sus alas ante el derrumbe y se aventuró solicita por entre los cajones cordilleranos, llevando en su corazón el mensaje dolorido de un terremoto. Fue Paloma…la Radio, que acompañó a los maulinos durante los duros días a partir del 27 de febrero del 2010, cuando la tierra se cobró una pizca del inmenso daño que la deshumanidad le provoca.
Fueron horas, días de incertidumbre, de incomunicación, de dolor e impotencia del no saber, del necesitar una voz de aliento para resistir el miedo en medio de la desolación. Pero allí estuvo la emisora que con un simple gesto de previsión se encumbró por sobre sus pares y escribió una hermosa pagina de solidaridad, de corazón abierto para su región.
No tengo mucho que ofrecer, pero estas líneas quieren testimoniar la gratitud de los maulinos para esta radio que supo estar en la sintonía perfecta, en noches y días de pánico, cuando aún no se oye ni siquiera el rumor de un reconocimiento. Esta gratitud mía y de muchos, para quienes dejando de lado sus propios dolores y fatigas, se entregaron a la razón de sus días: Comunicar. Lo hicieron con pasión, con responsabilidad y con un grito en la garganta…FUERZA, fuerza maulinos que aún hay que sufrir, aún hay que reconstruir lo perdido.
Conozco muy de cerca la tarea realizada por Radio Paloma. En la historia del Maule no hay otra conseguida con mayor intensidad y claridad en el Mensaje. No hay otra muestra solidaria que la supere en la interacción, en la emisión y la respuesta, en “el dar hasta que duela” mostrado por la maulinidad que se entregó entera, como una sola, en los funestos días de la tragedia.
Han pasado los días, sólo van quedando las réplicas y los escombros. Por entre la tierra, el polvo, las vigas, el cemento, los techos caídos, se va infiltrando el tiempo y va creciendo el olvido. Detengámoslo alguna vez y seamos agradecidos. La Ilustrísima Municipalidad de la VII Región tiene una deuda con Radio Paloma…los maulinos tenemos una deuda con Radio Paloma…Grande Paloma…Fuerza Paloma.

sábado, 27 de marzo de 2010

Permítame una interrupción en su quehacer.
Estas notas estaban destinadas a recordar, pero con el terremoto pasado, no hay quien se resista a lo actual. Intentaremos algunas líneas en lo sucesivo.




No es para alarmarse, pero
“el miedo es cosa viva”





Después del día TS (terremoto-Sunami) en el entorno inmediato, cada uno de nosotros aspira algo que se generaliza despacio, pero a firme: el miedo…miedo a que viene, se aproxima algo grande, algo que abarcará al planeta, a la humanidad toda. Un miedo que empieza a palparse. Es algo instintivo y razonable ¿? Difícil calificar, pero hay decires recurrentes a los cuales invocar, como fuentes precursoras del fenómeno miedo.
En síntesis la profecía maya, ampliamente divulgada, habla de un cataclismo tal, que de la casi destrucción total del planeta, nacerá un hombre nuevo en conciencia. Se registraría un movimiento sísmico de proporciones, pues la tierra hoy desviada en unos grados de su eje central, recuperaría su postura. Agréguese a esto lluvias, rayos, luces de todo tipo. Todo ello, en el año 12 del dos mil.
Ahora surge la profecía de Fátima, la última. Ahorrando la parte religiosa, la profecía habla también de un terremoto, nada menos que de ocho horas de duración (compare con el del 27 que duró dos minutos y algo más). Se producirá poco antes de una medianoche oscura y muy fría. No habla de fechas, pero si de guerra nuclear (algunos dicen que es muy poco probable por estos días), pero inquieta la proximidad en los vaticinios. Todo vendrá después de la muerte de la última viviente de las tres niñas que habrían dialogado con la Virgen María Ella murió en el dos mil cinco, año desde el que partirían fenómenos poco explicables. También esta profecía habla de un movimiento de la tierra que la desviaría entre 20 y 23 grados en su eje. Imagínese un vaso de agua lleno en su mano. Gire la muñeca un poco y verá como cae el agua.Ahora aplique la idea al planeta
Estas dos profecías tienen mucho en común. Es posible que una se haya nutrido de la otra, pero habría que aceptar que el milagro de Fátima estaba muy bien informado acerca de la cultura maya.
Pero en donde ya no caben muchas suspicacias, pues se trata de niveles científicos, es en lo que según algunos dejó escapar la NASA.: un meteorito de buen tamaño se acercaría a la tierra con el peligro de chocarla o pasar muy cerca. En cualquiera de los dos casos, las consecuencias serían a nivel de cataclismo. Incluso se habla también de que el impacto provocaría que la tierra recuperase la desviación que tiene en su eje central. Como guinda del pastel, el meteorito llegaría por ahí por el dos mil doce o algo así.
Que conste. No es primera vez que ocurre algo así. La vez anterior desaparecieron los grandes saurios, amos y señores de la época. Quien hoy en día no se siente como amo y señor del planeta- Más vale pensarlo.
Mi abuelo decía: "Cuidate hijo...el miedo es cosa viva".

lunes, 3 de agosto de 2009

" Que grande que viene el río..."

Silvio Benjamín


Fue en el año 64 del siglo pasado.
Viracocha abrió las compuertas e Illapu lanzó las lluvias sobre nuestro pobre Talca. Llovió día y noche. Los vientos rugían por entre los sauces y eucaliptos del querido estero El Piduco y el Río Claro se hinchaba lentamente, pero con paso seguro, hacia un caudal jamás soñado por su triste figura. Llovía con furia desatada. El agua comenzaba a arrastrarse hacia el bosque de los asados en los antiguos “18” y antes que cantara un gallo, los botes llevando las escasas pertenencias de moradores aledaños, navegaban increíblemente por la Cuatro Nortes. La Alameda, estaba cubierta y la cancha del Fiscal, en donde “ranguerito” sufría sus eternas penurias, era la piscina más grande que había visto en mi vida. El “canal de la luz” que atravesaba la Almeda, lanzaba borbotones de agua de casi un metro de altura. Salía por entre los dos boquerones que algún ingeniero diseñó a cada lado de la calle, con buenas intenciones, pero que fue con los años el sitio preferido de los suicidas talquinos. Las aguas se unían a las del Río Claro y se metían sin boleto por cada rendija del cuadrilátero de boxeo, por la cancha de tierra, por la piscina, hasta derramarse en el verde prado del Fiscal, el hoyo donde hace tantos años se juega al fútbol. El viejo puente sobre el río se remecía, ¡qué digo, se estremecía ¡, se curvaba, temblaba con los troncos de árboles atascados en sus soportes, pero resistía y resistió la avenida. Las cabañas ribereñas de Olivares, del “chico Soto” (dueño del San Agustín), del “loco Apablaza” y muchas otras, fueron borradas del mapa de un manotazo por ese Río Claro jamás visto en Talca.
La inundación comenzó por el poniente, pero la tragedia se ensañó por el sur. Las aguas convirtieron al siempre manso estero Piduco, en un impetuoso río, llevándose cuanto ruca o fonola se levantaba en sus riberas. Sus aguas llegaron por la margen norte hasta las murallas de la escuela conocida como “el edificio”, pero en verdad se llamada “Melania Letelier”, en la muy querida Abate Molina. El sur y el poniente de El Piduco, estaban literalmente bajo el agua. La Una y Dos Nortes, eran caudalosos esteros imposibles de cruzar, vaciándose hacia la Diagonal Isidoro del Solar y el Seminario. Lengüetas de agua se filtraban sigilosas por entre los prados de la Plaza de Armas, hasta meterse en la gruta donde vivían felices unos peces de colores que me embelesaban cuando niño. Era tal su irreverencia, que el agua intentaba entrar a los salones del elegante Hotel Talca y trepar a los sagrados escalones de la Iglesia Catedral. El puente colgante, al final de la Uno Sur, hacia la quinta Los Maquis, desapareció en la corriente piducana hasta nuevo aviso.
Talca fue declarada zona de emergencia. Asumió el mando el entones teniente coronel, Carlos Prats González. Don Bernardo Mandiola, a la sazón intendente, dio un paso al costado. Por esos días conocí al que sería el más connotado General de la Républica. Durante toda la emergencia estuve cerca de él y creo que fuimos amigos en muchos momentos aciagos en nuestras vidas. Pero el tema no es éste, ya habrá tiempo para recordarlo. Me ocupa la lluvia y lo que trajo…decenas de damnificados y un militar al mando que mostró su valía y preocupación por el dolor ajeno. Aunque el cielo manaba abundante, un hospital de campaña y muchas carpas militares fueron montadas en la cancha de fútbol de “Purísima” .Cientos de pobres , siempre los mismos, fueron albergados en escuelas, especialmente en la tres y la quince, “las concentradas”, por ser las más grandes en esos días de emergencia. En esos días, que fueron hartos, reinaba el caos y …la lluvia.
Viejo es el refrán que dice:” no hay mal que por bien no venga…”. En mis recuerdos, esta inundación marcó el pasado reciente y el futuro inmediato de El Piduco.
Desde esos días comenzó el fin de la pequeña villa de San Agustín, para germinar el Talca de hoy, monstruo de mil calles, miles de taxis, miles de chimeneas., miles de miles. El gran Talca emergía de la vieja villa que por el sur terminaba en la nueve y media sur, en la pandereta de la escuela el “edficio”, en la ocho oriente y hasta la diez y media en lo de los “camarones” Retamales y después de la línea férrea, la última casa era la de “Oña Dominga”, la veterana de las empanadas de horno los días domingos, antes de cruzar el Paso Moya hacia los campos en donde la población El Tabaco era lo último de Talca.
La lluvia dejó dolor y lágrimas en cientos de damnificados. Los sandiales, los tomates y los choclos con sus cañas que adornaban el estero Piduco, murieron. Se alzaron allí como símbolos de este tiempo, las antenas de televisión, sus calles, sus autos y brotó también una promesa: el gobierno construiría la primera población popular de gran envergadura. De aquella inundación nació “Brilla el Sol” en la margen sur del Piduco La creencia popular dijo: “son todos demócratacristianos” por que para ellos ..”brilla el sol de nuestras juventudes”... Sin embargo, la misma creencia popular dijo después: ”al final eran puros comunistas”. Puede que si puede que no, pero nadie negará que en esos días cayó sobre El Piduco una torrencial lluvia jamás vista por estos lares.
Georgina Canifrú, una amable funcionaria de ONEMI, pese a sus empeños no encontró estadísticas sobre el agua caída en esos terribles días en que Illapu olvidó cerrar las compuertas celestes, pero cuando hablo con viejos de esos tiempos, coincidimos: “No fue el diluvio, pero chitas que anduvimos cerca“.

sábado, 18 de julio de 2009

"...!!!!Qué rico !!!", invierno

¡!!!!! Qué rico…!!! Invierno,
salchichas y “picadas”


silviobenjamin


“Compadre, voy a cortar. Me están esperando unas salchichitas calientes con papas cocidas y pebre superpicante con sopaipillas, que ni le cuento…”
… y en verdad me cortó.
Ahí caí en la cuenta. Afuera llueve. Es invierno. Llegó aunque tardecito en este junio con copiosas lluvias y ventoleras, truenos, relámpagos y demases por entre los cordones cordilleranos en los que habito.
Pero por esta estación no sólo llegan las lluvias, sino también las comidas de invierno y se hacen moda “las picadas” y el parrandeo sospechoso de los varones con pantalones bien puestos, sin pecar de machista.
“La Picada”, es una institución nacional en cuyo máximo nivel destacaron con honores en el pasado, “Las Rejas”, en Iquique;“Las Motores”, en La Serena; “ Los Siete Espejos”, en Valparaíso; “Las Japonesas”, en Talca; “La Olguita” en Concepción; “On Baucha” en Temuco, y ni que hablar de las muchas “picadas” santiaguinas sólo en lo que respecta a aquellas donde trataban de “tu” y que tuve un real placer en haberlas visitado por lo menos una vez en esta perra vida. Pero éste, “es un nivel” de “picada”. Otro más lugareño habla de donde se “come y se toma a lo rey” entre hombres. De eso en Talca hay mucho para saber y contar.
No sé como serán hoy, pero por mis años mozos, allá por los cincuenta y sesenta, “las picadas” eran la forma de parrandear casi sin pecado, más allá del comer como Dios manda y tomar del tinto y del otro según capacidades. Eran como escapadas entre hombres, para hablar “cosas de hombre” y a veces emborracharse sin ton ni son por alguna pena presente u otras de arrastre, que son las peores.
Por que puchas que era lindo endilgarlas por la tarde, después de la pega, hasta donde la Ventarrón, por allá por la Dieciocho Oriente. Preparaba las conejeadas con longanizas, pero en especial los coipos, de chuparse los dedos, con ese sabor a chanchito tierno, aunque todos sabíamos que era un roedor acuático. Ni más ni menos que un ratón grande cuya hembra anda con sus retoños pegados a las tetas que tiene sobre el lomo.
No había más pecado que el comer, beber su poco y conversar lo mucho entre amigos serios para el palabreo, como el regidor y buen amigo Guillermo Urzúa, el de los mostachos del 1900, mi amigos y colegas, Orlando Gutiérrez, el “chico” Carlos Bernal, el “negro” Casalli, que después fuera alcalde, otro chicoco, el Ibáñez, en fin, tantos buenos amigos de aquellos años y hoy, ya idos.
Y qué decir de los perniles con papas cocidas, las prietas y los pebres que picaban dos veces o una rica cazuela de chancho con chuchoca, allá donde los “cachoparaguas” en la Cuatro Norte
No hace mucho, me llevé una sorpresa. Un buen amigo me invitó a una “picada” aún vigente, pero de vieja data. Queda en la Diez Sur casi con l2 oriente. Allí se sirven y comen las más ricas y contundentes “pichangas” con harto queso, jamón, cebollas y zanahorias en escabeche y un pipeño de miedo. Camioneros, taxistas y gustadores de cosas ricas y contundentes, se juntan allí para la charla y el condumio. Pero un dato elemental Watson…no vaya cuando juegue Rangers…allí son rojinegros a morir y… “lo siento, venga después del partido..”. Bueno, así era hace ya hartazos años.
Y quien no se engrupió a la mina con los completos de Gotru, que llegaron de moda desde Santiago por esos viejos años, en su local de la Cinco Oriente con una Norte, en la galería de Radio Talca, o los asados en el Pollo Dorado con lindas higueras, al final de la Avenida Schorr y Concha, en el camino a Colín, capital de los burros, como se conocía por esos días. Esta fue una de las últimas “picadas” que conocí antes de emprender viaje hacia el sur, en busca de otros caminos.
Había también algunas “picadas” de verano, como la de Oña Domínguez, al lado del puente en el Paso Moya, paseo en familia casi obligado del día domingo para saborear ricas empanadas cocidas en auténticos hornos de barro, olorosas y picantitas, como se hacían antaño en los campos del Maule. Otro paseo dominguero eran Las Tinajas, la vieja casa patronal, en donde las empanadas de horno y la chicha cocida eran la atracción de aquel hermoso paraje sito al pie del cerro de La Virgen y con sus viñas besando al Río Claro.
Pero si de “pìcadas” y comer se trata, ahí están los “caldo cuadrinos” que preparaban en la sede de la junta de vecinos del Barrio Oriente. Tuve la suerte de compartir en un aniversario del Sindicato de los amigos matarifes, agradecidos por parrafitos insertados en La Mañana. Fuimos invitados con Carlos Bernal, reportero deportivo por esos años, y también advertidos: “Pónganle vinito porque el caldo es pesado. Las menudencias dan sueño”.
Mi amigo Carlos no hizo caso. No era, en verdad, un gran bebedor. Por eso, a mitad de los tradicionales discursos, se quedó dormido.
Pero bueno, estamos en invierno. Me perdonan. La media naranja me llama.
¡!! Ulalala ¡!!! Que rico huelen las prietas calientes.