Silvio Arriagada Fuentes. Periodista. Escribe sus vivencias tras años de profesión y de largos años de exilio. Hoy reside en Chile bebiendo de sus raices en los contrafuertes cordilleranos de Vilches. Región del Maule. Chile

lunes, 29 de junio de 2009

Este si que es un "Joteo"

Silvio Benjamín

Un buen amigo mío insiste en que el realismo mágico de García Márquez lo aburre por que no es posible. No se da en este perro mundo. Yo, en cambio, gozo con el colombiano, con el general Buendía y su larga descendencia, con esa retahíla de personajes como Erendira, salidos de tan fecunda imaginación. Pienso además que la infancia nos procura con mayor frecuencia que a los adultos, la visión de un realismo mágico que a los veinte años te pasa de largo por las ya prolongadas narices.
No pretendo, ni por un segundo, hacer realismo mágico, pero lo que viene lo miré con los ojos de un crío que aún tiene entre los pañales su capacidad de asombro.
..El jote, un ave carroñera de al menos un metro con alas extendidas, planeaba aterrorizado sobre la platea del Teatro Oriente de Talca, allá por 1945. Su imagen se proyectaba por segundos en el telón y su negro plumaje brillaba en medio de los haces de luz del proyector de cine. Se estrelló varias veces en el telón blanco habilitado para cine y su aleteo desesperado por sobre las cabezas de aterrorizados espectadores, era un ruido de una verdadera película de terror.
En El Piduco había tres teatros, utilizados mayormente como cines. De ahí que un talquino de cepa, dice “voy al teatro”, cuando en verdad va al cine. Las instalaciones, en todo caso, eran para teatro: escenario, balcones y galerías. El teatro Palet, en la Uno Sur, tenía platea, balcón y galería; el Municipal, en la Cuatro Norte, platea baja, platea alta y galería; en tanto, el Teatro Oriente, en la Cinco Sur era más modesto, sólo platea y galería. La galería caía sobre la platea y también montones de porquerías y hay de quien se sentara en la fila que quedaba justo bajo el borde de la marquesina. ¡ Imagínese lo que quiera …! y más.
Andaba por los ocho años, cuando todo es alegría y regocijo y el jote volando desesperado sobre la platea. La gritería escandalosa, la gente chillando salía a la carrera, en la galucha los aplausos y gritos de vivas para el jote, duraba ya un buen rato, cuando llegaron los “pacos” y se acabó la jarana. Al jote lo atraparon los policías luego de sacar del local a tres o cuatro veteranas desmayadas de susto y que se estrellara por quincuagésima vez en el telón. Cansado y aturdido, se entregó prácticamente ante los caballeros de la ley. Fue un magnífico espectáculo.
Dominado el protagonista, ¡pobre jote!, los “pacos” llegaron a la “galucha” en medio de abucheos de grueso calibre. Y nadie sabe cómo lo averiguaron, pero salieron con un grupo de tres o cuatro mocetones, que según se decía después del episodio, que habían sido los autores del tremendo jaleo al soltar en medio de una función la enorme ave carroñera. Cómo ingresaron tamaña ave sin que nadie se diera cuenta…?. Eso está dentro de la magia cuotidiana, pero que casi nunca vemos.
Fue en una de las funciones rotativas, algunas de las cuales empezaban a las diez de la mañana y hasta las 24, aunque lo normal era de catorce a veinticuatro horas, con dos o tres filmes que se repetían en la velada. El origen: la enorme molestia que suscitó una película mexicana, mala, pero del verbo mala….si hasta el nombre que apenas recuerdo, era malo…era algo así como “El extraño caso de la mujer asesinadita”. ¡…Podría haber un filme que valiese la pena con ese título…? !
Todo empezó con el primer “Ya pos cojo conchetumaire…corta la hueá penca…” de ahí en adelante, vino lo demás…el jote..las viejas gritando, la gran batahola y esta pequeña historieta del mundo viejo y del que ya casi nadie se acuerda. Pero yo sé que entre el público mayoritario de la “galucha” del Teatro Oriente, más de alguno se estará riendo a carcajadas, recordando como yo, la historia del jote. Pienso, sobre todo, en los amigos matarifes, principales espectadores en su teatro, quienes llegaban a las rotativas con sus cauceos olorosos a cebollas, patitas de chancho, perniles y cuánta cosa rica, amén de la garrafa para ver las tres o cuatro películas en una tarde fría de invierno.
Ese era el Teatro Oriente que recuerdo, con una pastelería en la esquina de la trece oriente con cinco Sur, donde se vendía cerca de la Navidad, unos panes de Pascua que volvían locos a la cabrería de aquellos años. Un Teatro Oriente que se inició y perduró siendo la moda del momento, pero lo atrapó el tiempo y su ruinas aún perduran allí donde un jote carroñero protagonizó la mejor película para un crío de ocho años.
El realismo mágico exige otros ojos para ver la vida. Yo lo intento …CAMINANDO