Silvio Arriagada Fuentes. Periodista. Escribe sus vivencias tras años de profesión y de largos años de exilio. Hoy reside en Chile bebiendo de sus raices en los contrafuertes cordilleranos de Vilches. Región del Maule. Chile

sábado, 18 de julio de 2009

"...!!!!Qué rico !!!", invierno

¡!!!!! Qué rico…!!! Invierno,
salchichas y “picadas”


silviobenjamin


“Compadre, voy a cortar. Me están esperando unas salchichitas calientes con papas cocidas y pebre superpicante con sopaipillas, que ni le cuento…”
… y en verdad me cortó.
Ahí caí en la cuenta. Afuera llueve. Es invierno. Llegó aunque tardecito en este junio con copiosas lluvias y ventoleras, truenos, relámpagos y demases por entre los cordones cordilleranos en los que habito.
Pero por esta estación no sólo llegan las lluvias, sino también las comidas de invierno y se hacen moda “las picadas” y el parrandeo sospechoso de los varones con pantalones bien puestos, sin pecar de machista.
“La Picada”, es una institución nacional en cuyo máximo nivel destacaron con honores en el pasado, “Las Rejas”, en Iquique;“Las Motores”, en La Serena; “ Los Siete Espejos”, en Valparaíso; “Las Japonesas”, en Talca; “La Olguita” en Concepción; “On Baucha” en Temuco, y ni que hablar de las muchas “picadas” santiaguinas sólo en lo que respecta a aquellas donde trataban de “tu” y que tuve un real placer en haberlas visitado por lo menos una vez en esta perra vida. Pero éste, “es un nivel” de “picada”. Otro más lugareño habla de donde se “come y se toma a lo rey” entre hombres. De eso en Talca hay mucho para saber y contar.
No sé como serán hoy, pero por mis años mozos, allá por los cincuenta y sesenta, “las picadas” eran la forma de parrandear casi sin pecado, más allá del comer como Dios manda y tomar del tinto y del otro según capacidades. Eran como escapadas entre hombres, para hablar “cosas de hombre” y a veces emborracharse sin ton ni son por alguna pena presente u otras de arrastre, que son las peores.
Por que puchas que era lindo endilgarlas por la tarde, después de la pega, hasta donde la Ventarrón, por allá por la Dieciocho Oriente. Preparaba las conejeadas con longanizas, pero en especial los coipos, de chuparse los dedos, con ese sabor a chanchito tierno, aunque todos sabíamos que era un roedor acuático. Ni más ni menos que un ratón grande cuya hembra anda con sus retoños pegados a las tetas que tiene sobre el lomo.
No había más pecado que el comer, beber su poco y conversar lo mucho entre amigos serios para el palabreo, como el regidor y buen amigo Guillermo Urzúa, el de los mostachos del 1900, mi amigos y colegas, Orlando Gutiérrez, el “chico” Carlos Bernal, el “negro” Casalli, que después fuera alcalde, otro chicoco, el Ibáñez, en fin, tantos buenos amigos de aquellos años y hoy, ya idos.
Y qué decir de los perniles con papas cocidas, las prietas y los pebres que picaban dos veces o una rica cazuela de chancho con chuchoca, allá donde los “cachoparaguas” en la Cuatro Norte
No hace mucho, me llevé una sorpresa. Un buen amigo me invitó a una “picada” aún vigente, pero de vieja data. Queda en la Diez Sur casi con l2 oriente. Allí se sirven y comen las más ricas y contundentes “pichangas” con harto queso, jamón, cebollas y zanahorias en escabeche y un pipeño de miedo. Camioneros, taxistas y gustadores de cosas ricas y contundentes, se juntan allí para la charla y el condumio. Pero un dato elemental Watson…no vaya cuando juegue Rangers…allí son rojinegros a morir y… “lo siento, venga después del partido..”. Bueno, así era hace ya hartazos años.
Y quien no se engrupió a la mina con los completos de Gotru, que llegaron de moda desde Santiago por esos viejos años, en su local de la Cinco Oriente con una Norte, en la galería de Radio Talca, o los asados en el Pollo Dorado con lindas higueras, al final de la Avenida Schorr y Concha, en el camino a Colín, capital de los burros, como se conocía por esos días. Esta fue una de las últimas “picadas” que conocí antes de emprender viaje hacia el sur, en busca de otros caminos.
Había también algunas “picadas” de verano, como la de Oña Domínguez, al lado del puente en el Paso Moya, paseo en familia casi obligado del día domingo para saborear ricas empanadas cocidas en auténticos hornos de barro, olorosas y picantitas, como se hacían antaño en los campos del Maule. Otro paseo dominguero eran Las Tinajas, la vieja casa patronal, en donde las empanadas de horno y la chicha cocida eran la atracción de aquel hermoso paraje sito al pie del cerro de La Virgen y con sus viñas besando al Río Claro.
Pero si de “pìcadas” y comer se trata, ahí están los “caldo cuadrinos” que preparaban en la sede de la junta de vecinos del Barrio Oriente. Tuve la suerte de compartir en un aniversario del Sindicato de los amigos matarifes, agradecidos por parrafitos insertados en La Mañana. Fuimos invitados con Carlos Bernal, reportero deportivo por esos años, y también advertidos: “Pónganle vinito porque el caldo es pesado. Las menudencias dan sueño”.
Mi amigo Carlos no hizo caso. No era, en verdad, un gran bebedor. Por eso, a mitad de los tradicionales discursos, se quedó dormido.
Pero bueno, estamos en invierno. Me perdonan. La media naranja me llama.
¡!! Ulalala ¡!!! Que rico huelen las prietas calientes.

viernes, 10 de julio de 2009

Ni mejores ni peores...sólo otros tiempos...

Silvio Benjamín


Siempre se escucha decir: “El pasado era mejor”… o Antes era otra cosa”. Personalmente creo que no era ni mejor ni más malo, sencillamente eran “otros tiempos…otras gentes…otras cosas”, ni tan buenas ni tan malas, pero eran otras. Eso, ni más ni menos. Sin embargo, hay personas, yo entre ellas, que disfrutan el recuerdo, el pasado con todas sus alegrías y penurias, sin entrar en aquello de lo bueno y lo malo. Simplemente recuerdos.
Y ahí vamos.
El Teatro Oriente de Talca recuerdo que se mantuvo largo tiempo en la moda y por ello se daba ciertos lujos que ni el Palet ni el Municipal se daban. Entre ellos traer artistas de buen calibre, tal como hoy ocurre con los esfuerzos por que se presenten en Chile un Luis Miguel, Serrat o cualquiera de los mejores entre sus pares.
Por eso recuerdo en especial al doctor Alberto Castillo, un argentino tanguero, el mejor después de Gardel, de enorme simpatía que se prendó del Barrio Oriente piducano. Estuvo en un festival, ya no recuerdo en que año, pero tuvo que ser en la década de los cincuenta en el siglo pasado, cuando los barrios se esmeraban por su baile anual, en el cual compartían las familias con “guaguas”, perros y gatos. Era el gran baile. Entre los recuerdos aquellos del Barrio Oriente y la Abate Molina, en sus grandes plazas, con pistas fabulosas y en los últimos años de la infancia, los de La Costanera, cuando se cerraba la seis Oriente entre la Seis Sur y la Ocho. Todo Talca a bailar.
Más de alguien recordará cuando Alberto Castillo vino y le dedicó un tangazo al “Barrio Oriente flor de Talca, de alegrías y progresos”. Más de la letra no me acuerdo, pero los del “otro lado de la línea”, (así se les decía a los del Barrio Oriente) recordaron y cantaron por largos años, después de aquel fabuloso bailongo.
Generalmente los artistas que actuaban en los bailes, se presentaban también en el Teatro Oriente con “llenos totales”, hasta con peleas en la entrada a la “galucha”,que daba hacia la Trece Oriente, sobre todo, cuando llegaban de gira las “piluchas” derramando plumas en el escenario. Entre las mejores, “la Pitica Ubilla” y la fantástica “Tongolele” que dejó bizcos a los talquinos. Y que decir de los chistosos de grueso calibre, con Daniel Vilches, en ese tiempo un buenmozo ciudadano, a quien ya le llamaban el “Académico de la Lengua”, sin especificar, por supuesto, de qué lengua se trata.
Como dije…”eran sólo otros tiempos”, con grandes bailes en las barriadas, con quintas de recreo donde los sábados se bailaba y farreaba hasta que salía el sol, y con el fin de fiesta en el Mercado Central con cholgas, almejas, machas, piures, mariscos que por aquellos años se disfrutaban tal cual salían del mar, sin que nadie saliera mal parado con media marea roja en la guatita. Mariscos para unos, “caldo de cabeza” para otros. Era una sopa con media cabeza de cordero en el plato. Y ésto, lo juro que es cierto…
¡ …Media cabeza…!
Eran los tiempos de “Los Olivares, en la ribera Poniente del Claro; El Danubio, al llegar al viejo puente; La Flor del Oriente, en la 12 Oriente entre Seis y Siete sur, El Rosedal y la más famosa entre todas, la Verbena, Siete Sur, frente a la Plaza. Era la mejor, con gran escenario, buena orquesta, espectáculo casi todos los fines de semana con “revesteril”, nombre que se daba a las presentaciones de bailarinas y chistosos que no se andaban con chicas. Todos llegados de las noches santiaguinas directo a La Verbena, como rezaban sus reclamos radiales.
Eran otros tiempos. Era una jarana diferente. Si bien de vez en cuando había ensalada de puñetes, lo que primaba era pasarlo bien, bailar, disfrutar la noche, sacarle el jugo al descanso de la semana, “parar” un metro de CCU ( una mesa cuadrada de un metro con botellas de cerveza ) o una ponchera en pisco para entrar “en pista”.
Después de la ponchera, cualquiera
cosa. Una noche en La Verbena se presentó “Tongolele” con su mechón de pelo blanco y fantásticas caderas. En la pista encementada de La Verbena el espectáculo fue enorme. Nadie entraba a la pista, cuando “Tongolele” estaba en ella, pero en ese día, “otro gallo cantaría”. Como por arte de magia emergió por entre las matas de calas, cultivadas con esmero por doña Elsa, propietaria de la quinta de recreo en el costado sur de la pista, ni más ni menos que “Chalo” Segovia, el más querido de los “jaraneros” del barrio Abate Molina. “Chalo” bailaba “en pelotas” con unas hojas de cala por delante y flores amarradas sobre el culo.
“Chalo” Segovia, hoy de seguro gastándole bromas a San Pedro, era realmente un personaje del barrio Abate Molina. Deportista, fánatico del Bohemios del Sur, club del barrio Abate Molina, era el chancero por excelencia. Cierta vez, en un viaje deportivo a Viña del Mar, paralizó el tránsito en una de las más concurridas arterias del hermoso balneario. Inició la travesía de la calzada como el más cojo de los cojos, recogiendo una de sus piernas, lo que llamaba a la más dolorosa de las compasiones. Ningún automovilista se hubiera atrevido. De hecho, no se atrevieron. Se detuvo el tránsito, Chalo cruzó la calzada y luego, como si nada ocurriese, prosiguió su camino como el más elegante de los elegantes. Esa fue la chacota del día del amigo de antaño.
Eran otros tiempos. ¡ Cómo no recordar los bailables en el “León Trece” ¡. ¡Cómo no recordar al cura Manning con su carácterístico…”este baile es con pasteles”… ¡ y los cabros de ese tiempo intentando su mejor chiva para evitar que la mina pidiera su pastel , como exigía el convite pastoral.
Las tardes en el “León Trece” eran tardes de baile. Ni una gota de alcohol y ¡ ay ¡ de quien lo intentara. Ahí estaba el cura norteamericano, de casi dos metros, ex-entrenador de Joe Luis, cosa que se decía y nadie dudaba, para poner orden, mientras preparaba la sorpresa de “este baile es con pasteles”.
Y antes de olvidarlo. El teatro Oriente trajo por esos antaños a Evita Muñoz,”Chachita”, una actriz infantil mejicana que protagonizara hace tantos años la película “La Pequeña Madrecita”. Como era fórmula de financiamiento, la pequeña actriz se presentó también un sábado en La Verbena. El ambiente diurno, familiar, de la quinta de recreo sedujo a la niña que ausente de un Méjico tan lejano, encontró allí un hogar como el propio: lleno de chiquillos de su edad, con quien jugar. Estaban Jorge, Silvia, Carmen, Juan y Silvio, críos de su misma edad y unas balas para el correteo y la bicicleta. “Chachita” se quedó una semana, una semana en que fuimos los amigos de la más famosa actriz infantil mejicana.
En verdad... eran sólo otros tiempos