UN FESTIVAL PERDIDO
EN LA HISTORIA
Silvio Benjamín
Esa noche la luna estallaba en lentejuelas sobre el Río Claro. Ese otro río, limpio, suave, orgulloso, de riberas sombreadas por eucaliptos.
En la cabaña de Hernán Soto, cierta “bohemia del sesenta” conversaba allí la vida, entonada por el generoso cariño de un vino. En la placidez de una primavera lejana, Guillermo Urzúa, soñador de pincel anónimo; un Prefecto de policía civil ya olvidado; el “chico” Ibáñez, de corazón enorme; Eduardo Luengo, fotógrafo de alcurnia y aquel electricista de nombre perdido en mis recuerdos, bebían además del vino y los aromas ribereños, la pesadez de una talquinidad aletargada. Nada inquietaba, nada remecía. La juventud apenas desfilaba sus tardes por la Uno Sur. El Piduco casi moría de pena. Por eso quizás, fue que Hernán tuvo aquella luminosa idea.
- Un festival del río Claro, dijo de pronto, en medio del hastío.Eso, dijo.entusiasta, convencido, soñador.
Guillermo levantó una de sus bien pobladas cejas, gesto inconfundible en aquel regidor (concejal) de grandiosos bigotes del “Novecientos”, para rematar la idea:
- Eso. Un Festival Popular del Río Claro, entregándole el contenido social a la idea que en ese minuto comenzó a germinar en el grupo.
Era la “bohemia del sesenta” que sentía en el alma, que amaba al Río Claro, sus
botes, sus tembleques cabañas olorosas a “cauques” fritos y “chancho en piedra”, sus
“Tinajas” y los pies desnudos de la chiquillería que el domingo bullangueaba en sus orillas.
El Festival del Río Claro nació allí, esa noche, bajo la suave brisa ribereña. En muchas otras,fue creciendo de la nada. Y llegaron luego los boteros con Oscar Olivares, “El Ñato” en cabeza y ya no fue más un sueño. El Festival Popular del Río Claro estaba en marcha. La “bohemia del sesenta” lo impulsaba con el corazón henchido. Desnutrido el bolsillo, pero soñando en cada noche junto al río.
No hubo “chauchas”, ni padrinos, por que nadie creyó, incluso el Municipio, pese a los esfuerzos de Guillermo, quien anduvo por la vida siempre con el corazón de El Piduco a cuestas. Lo hizo sólo la bohemia del pasado, la talquinidad deseosa del algo nuevo, de un viento fresco que remeciera los eucaliptos ribereños y el alma talquina, “La Mañana” de ese tiempo, seria y tranquila, condujo el sueño por el Camino Real.
Fue un festival para la historia, aunque hoy perdido en ella.
Volantines y carreras a la chilena. Los boteros “mauchos” , traídos de Constitución, puerto aledaño, remaron junto a los nuestros. Las guirnaldas multicolores aletearon en los botes y cabañas y hasta una reina de diecisiete años, morena y robusta, ribereña y piducana, se paseo en bote bajo fuego de artificio. Lucía la corona que disputaron bonitas y entusiastas candidatas de barrios populares que hicieron suya esa primera fiesta.
Con el festival nació el primer muelle para los boteros, una playa limpia y despejada; caminillos surcaron el bosque, porque el pequeño Ibáñez, corazón en ristre, convenció en buena ley a sus jefes para traer máquinas del servicio. Y las aguas reflejaron luces en el río, porque aquel electricista de nombre ya olvidado, había tendido
allí luminarias de un ensueño.
La última noche del domingo festivalero se cubrió de lentejuelas, porque el dinero lo puso Juan C bravo, el viejo y tozudo director de “La Mañana”, quien gustaba mostrar su cara agria, para esconder su enorme corazón talquino.
Fue una hazaña en el “65”.
Talca entero, con sus críos, sus asados y unas ganas locas de vivir, se fue al río. Nadie supo nunca, que no hubo un peso organizativo. Quizás hubo muchos otros festivales. No lo sé. Pero ninguno como éste.
Ya de vuelta en el terruño, una de estas noches estuve por allí, soñando. Pregunté por nombres antiguos, por la “bohemia del sesenta”, por Hernán Soto, por Oscar, hasta por “El loco Apablaza” y otros del aquel primer festival del Río Claro-
- Sabe…? Me dijeron. Unos están muertos y otros “están en otra”. Me alejé tranquilo, pero me sentí viejo y ausente.
Silvio Arriagada Fuentes. Periodista. Escribe sus vivencias tras años de profesión y de largos años de exilio. Hoy reside en Chile bebiendo de sus raices en los contrafuertes cordilleranos de Vilches. Región del Maule. Chile
miércoles, 22 de abril de 2009
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Que bonito recuerdo. que importante que se registre. Esta tambien es historia.
ResponderEliminarSalomón
Buena Silvio, excelente texto, grandes recuerdos. Te felicito y espero estés bien en esas tierras cordilleranas de Vilches. Un abrazo.
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