¡!!!!! Qué rico…!!! Invierno,
salchichas y “picadas”
silviobenjamin
“Compadre, voy a cortar. Me están esperando unas salchichitas calientes con papas cocidas y pebre superpicante con sopaipillas, que ni le cuento…”
… y en verdad me cortó.
Ahí caí en la cuenta. Afuera llueve. Es invierno. Llegó aunque tardecito en este junio con copiosas lluvias y ventoleras, truenos, relámpagos y demases por entre los cordones cordilleranos en los que habito.
Pero por esta estación no sólo llegan las lluvias, sino también las comidas de invierno y se hacen moda “las picadas” y el parrandeo sospechoso de los varones con pantalones bien puestos, sin pecar de machista.
“La Picada”, es una institución nacional en cuyo máximo nivel destacaron con honores en el pasado, “Las Rejas”, en Iquique;“Las Motores”, en La Serena; “ Los Siete Espejos”, en Valparaíso; “Las Japonesas”, en Talca; “La Olguita” en Concepción; “On Baucha” en Temuco, y ni que hablar de las muchas “picadas” santiaguinas sólo en lo que respecta a aquellas donde trataban de “tu” y que tuve un real placer en haberlas visitado por lo menos una vez en esta perra vida. Pero éste, “es un nivel” de “picada”. Otro más lugareño habla de donde se “come y se toma a lo rey” entre hombres. De eso en Talca hay mucho para saber y contar.
No sé como serán hoy, pero por mis años mozos, allá por los cincuenta y sesenta, “las picadas” eran la forma de parrandear casi sin pecado, más allá del comer como Dios manda y tomar del tinto y del otro según capacidades. Eran como escapadas entre hombres, para hablar “cosas de hombre” y a veces emborracharse sin ton ni son por alguna pena presente u otras de arrastre, que son las peores.
Por que puchas que era lindo endilgarlas por la tarde, después de la pega, hasta donde la Ventarrón, por allá por la Dieciocho Oriente. Preparaba las conejeadas con longanizas, pero en especial los coipos, de chuparse los dedos, con ese sabor a chanchito tierno, aunque todos sabíamos que era un roedor acuático. Ni más ni menos que un ratón grande cuya hembra anda con sus retoños pegados a las tetas que tiene sobre el lomo.
No había más pecado que el comer, beber su poco y conversar lo mucho entre amigos serios para el palabreo, como el regidor y buen amigo Guillermo Urzúa, el de los mostachos del 1900, mi amigos y colegas, Orlando Gutiérrez, el “chico” Carlos Bernal, el “negro” Casalli, que después fuera alcalde, otro chicoco, el Ibáñez, en fin, tantos buenos amigos de aquellos años y hoy, ya idos.
Y qué decir de los perniles con papas cocidas, las prietas y los pebres que picaban dos veces o una rica cazuela de chancho con chuchoca, allá donde los “cachoparaguas” en la Cuatro Norte
No hace mucho, me llevé una sorpresa. Un buen amigo me invitó a una “picada” aún vigente, pero de vieja data. Queda en la Diez Sur casi con l2 oriente. Allí se sirven y comen las más ricas y contundentes “pichangas” con harto queso, jamón, cebollas y zanahorias en escabeche y un pipeño de miedo. Camioneros, taxistas y gustadores de cosas ricas y contundentes, se juntan allí para la charla y el condumio. Pero un dato elemental Watson…no vaya cuando juegue Rangers…allí son rojinegros a morir y… “lo siento, venga después del partido..”. Bueno, así era hace ya hartazos años.
Y quien no se engrupió a la mina con los completos de Gotru, que llegaron de moda desde Santiago por esos viejos años, en su local de la Cinco Oriente con una Norte, en la galería de Radio Talca, o los asados en el Pollo Dorado con lindas higueras, al final de la Avenida Schorr y Concha, en el camino a Colín, capital de los burros, como se conocía por esos días. Esta fue una de las últimas “picadas” que conocí antes de emprender viaje hacia el sur, en busca de otros caminos.
Había también algunas “picadas” de verano, como la de Oña Domínguez, al lado del puente en el Paso Moya, paseo en familia casi obligado del día domingo para saborear ricas empanadas cocidas en auténticos hornos de barro, olorosas y picantitas, como se hacían antaño en los campos del Maule. Otro paseo dominguero eran Las Tinajas, la vieja casa patronal, en donde las empanadas de horno y la chicha cocida eran la atracción de aquel hermoso paraje sito al pie del cerro de La Virgen y con sus viñas besando al Río Claro.
Pero si de “pìcadas” y comer se trata, ahí están los “caldo cuadrinos” que preparaban en la sede de la junta de vecinos del Barrio Oriente. Tuve la suerte de compartir en un aniversario del Sindicato de los amigos matarifes, agradecidos por parrafitos insertados en La Mañana. Fuimos invitados con Carlos Bernal, reportero deportivo por esos años, y también advertidos: “Pónganle vinito porque el caldo es pesado. Las menudencias dan sueño”.
Mi amigo Carlos no hizo caso. No era, en verdad, un gran bebedor. Por eso, a mitad de los tradicionales discursos, se quedó dormido.
Pero bueno, estamos en invierno. Me perdonan. La media naranja me llama.
¡!! Ulalala ¡!!! Que rico huelen las prietas calientes.
Silvio Arriagada Fuentes. Periodista. Escribe sus vivencias tras años de profesión y de largos años de exilio. Hoy reside en Chile bebiendo de sus raices en los contrafuertes cordilleranos de Vilches. Región del Maule. Chile
sábado, 18 de julio de 2009
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Silvio Benjamín, confieso que no me costó mucho saber que eras el "chico" Arriagada. Estallé en carcajadas con tu reflexión sobre el "benefactor", de tu último comentario en mi blog.
ResponderEliminarUn gusto enorme de saber de ti y que lo estás pasando chancho en Vilches. ¿Te acuerdas cuando andábamos reporteando con la guata pegá'lespinazo en la radio de Jaén?
Un abrazo y ojalá podamos vernos.
Nelson P.
Te voy a estar esperando con unas ricas empanadas de horno y el mas delicioso arrorrado de casa y los porotos con riendas que mejores no he comido. lo mejor es que no es un recuerdo sino mi almuerzo del viernes 24 de julio en el restaurant del "Guatón Lizana" en San Javier
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