Silvio Benjamín
Hace unos días recordaba sobre Pío Baroja. Hoy cito a doña Ana María Meza, profesora de literatura en varias universidades. La escuché como entrevistada en televisión. Fue un placer. Coincido plenamente en varios puntos esenciales de sus dichos. Que la inmediatez de la época moderna provoca el lento pero seguro desaparecimiento de los clásicos en nuestra magra educación; que basta escuchar como se habla en un microbús para entender que la lengua materna se nos muere; que las salas de clases, deberían ser templos del saber como en lo antiguo y no campos de batalla y lo último; que la única forma de tener educación acorde con los tiempos, es la recuperación del profesor en cuerpo y alma para su profesión.
Todo explicado por doña Ana María con lenguaje claro, simple. Lejos del catedrático o el escritor, dictando dichos desde su torre de marfil, cubriendo de rococó frases sin valía. Al lenguaje de la modernidad, le falta “la luminosidad de lo simple, la palabra que ilumina el verso,” dijo, como lo hace Machado o Cervantes en la prosa, y tantos que un día lejano, nos causaron pesadillas, pero que nos llenaron el camino de ideas y valores para enfrentar nuestros tiempos.
Estoy naturalmente con doña Ana María. Y más que eso, por qué no dedicar tantas horas de farandulería miserable en TV, por media hora de una mente clara, cada día. Por qué a un Wenke lo dejamos sólo en la madrugada y no le acompañamos por la tarde en sus solitarias peleas con molinos ya casi perdidos.
Las referencias de estas líneas están en relación a nuestro lenguaje, como se pierde y en lo posible como recuperarlo. No se trata de literatura en general, sino la hispana. No se trata de negar al resto de las lenguas, sino proteger la propia. No se trata de leer a Dickens o a otros clásicos de estirpe, sino simplemente a un Cervantes, “al loco Saavedra” como dice un muñeco televisivo en esos avisos plagados de “coloniaje” idiomático.
La literatura hispana, otrora columna principal en nuestra educación, es la única capaz de permitirnos recuperar la pérdida de nuestra capacidad de asombro. De volver a encantarnos con nuestra lengua madre. Aprender, utilizar otra lengua es, en cualquier caso útil, necesario o imprescindible en el mundo moderno de las comunicaciones, pero ello no significa incorporarla sin razón a la lengua de origen. Generalmente, lo primero es lo primero. Si no se habla bien el primer idioma. Malamente se hablará el segundo.
Qué importante sería encontrarnos de pronto con una gran partida de catedráticos, escritores y hasta periodistas inteligentes, montando rocinantes al rescate literario de lo antiguo, “o escribir por ejemplo, la noche está estrellada…”
Silvio Arriagada Fuentes. Periodista. Escribe sus vivencias tras años de profesión y de largos años de exilio. Hoy reside en Chile bebiendo de sus raices en los contrafuertes cordilleranos de Vilches. Región del Maule. Chile
jueves, 14 de mayo de 2009
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Tambien puede ser conversar en la tranquilidad de la tarde. Un vinito y amistad no solo no leemos sino que no nos comunicamos.
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